En Octubre de 1996 terminé mi campaña política como candidato a la Municipalidad Provincial de Huancavelica. Viajando con Marco Urruchi en una camioneta Ford de mi propiedad, hicimos una precaria campaña en los distritos y Centros Poblados en tiempos en los que todavía se realizaban atentados terroristas. En la ciudad, un grupo de amigos, por entonces jóvenes mayormente, trabajaron arduamente, sin recursos materiales, pero con enormes recursos del corazón.
Así cerramos la campaña, sin gritos ni aspavientos, solo nos reunimos en Santa Rosa y cabalgamos hacia la ciudad, llegamos a la Plaza, un breve discurso y esperamos al domingo para votar.
Había un silencio a nuestro paso, observen en la foto que no había multitudes en la calle recibiéndome con mis hermanos campesinos. Entrábamos en silencio, sin querer asustar a nadie, tan solo mostrando la fortaleza de nuestro movimiento. Es que en aquellos tiempos la herida y temor a los grupos terroristas estaba aún vigente y había miedo, mucho miedo. Para la gran mayoría de gente del campo, nunca conocieron a sus autoridades, ni siquiera en campaña, En sus pueblos no había carreteras, no habían aulas escolares, no había postas médicas, no había luz, mucho menos agua o desagüe.
Terminaban conmigo los tiempos en que se referían con desprecio al campesino. Ya no serían más «Campeches». Esos hombres pocos meses después, conquistarían con sus caballos las leyes de Descentralización Económica para el Perú entero, le devolverían a Huancavelica su condición de Región autónoma y sobre todo, incorporarían a nuestro pueblo en el mapa del Perú. Creo que sobre todo, se logró imponer la identidad huancavelicana Desde entonces, no hay Presidente de la República que no se vanaglorie de haber estado varias veces en nuestro territorio durante su gestión y no existe visitante que deje de ponerse la chalina de hermosos colores..

