El Waqra senqa

WAQRA SENQA

Desde los albores de la humanidad, las máscaras o caretas han sido parte del desarrollo espiritual. Cada grupo humano representó, a través de estas, su proceso histórico; desde caretas ceremoniales hasta las importadas por diversión, el enmascarado cumple una función: Ser justo mediador entre la identidad del colectivo al que representa y la actual coyuntura.

Durante la época colonial las máscaras adquirieron un nuevo significado: La sátira al poder y la dramatización de la realidad. Escapando así del uso prehispánico, quedaron atrás las máscaras que los Incas usaban para ahuyentar y defenderse del enemigo; lo mismo que las caretas usadas por los Paracas hace más de 2500 años.

Esta sátira permitía a los naturales, mestizos, criollos y afrodescendientes, expresar su percepción sobre aquella coyuntura; permitió también, mostrar el sentir propio y de su comunidad en ese punto de la historia. Sin embargo, no todo fue sátira pues algunas regiones mantuvieron la esencia ritual del enmascarado. Así se conoce, por ejemplo, a los Asiq Layqas, eternos acompañantes de los Supay Wasipi Tusuq, actualmente conocidos como Danzantes de Tijeras.

Estos Asiq Layqas, herederos del movimiento Taki Onqoy del siglo XVI, representan a los espíritus de las montañas, el alma de los abuelos o Machus que regresan para transmitir historias, conocimientos y recordar el toque jocoso y pícaro del hombre natural. Objetivos que se logran a través del adecuado empleo de la lengua madre, el runa simi.

Huancavelica, ciudad colonial y de arraigado sentimiento cristiano, no encontró mejor forma para rendir tributo a su espiritualidad que el empleo de estampas, algunas extintas y otras vigentes. Una de estas estampas es la festividad del Niño Reyes o Niño Occe, la cual se cree tiene sus orígenes en la época republicana, un año tentador es 1890.

Acompañan a esta festividad la teatralidad del Auto sacramental, junto a toda la comitiva encargada de la misma, también engalanan la celebración los Pastorcillos y Azucenas y, como no, los infaltables Kichka Machus. Estos últimos son en realidad, los sobrevivientes del Asiq Layqa y prueba viviente del sincretismo realizado en nuestras tierras, la mezcla del minué francés junto a la picardía y orden del Runa Simi.

Los kichka Machus, siempre escudando la picardía sobre diversas caretas, han sido promotores de una identidad local frente a la nacional. Identidad representada en una careta, y de eso vamos a comentar: De una careta que se ha mantenido vigente, aunque en imitación o copia, el Waqra Senqa.

Quienes hayan tenido la dicha de revisar fotografías antiguas podrán observar, en una de 1916, a este personaje de careta pequeña y nariz cual cuerno aplanado. En dicho año el comerciante de abarrotes Florentino Alarcón, fue el encargado de la mayordomía y contó con la cooperación de Isidoro Miranda Neyra, este último fue el encargado de custodiar la careta del Waqra Senqa.

Gracias a las recopilaciones fotográficas es posible observar la evolución de esta careta, desde la madera tallada y pulida, pasando por el barniz, el primer pintado de ojos y el uso de pinturas en toda su superficie. Se cuenta que para poder participar con esta careta había que solicitar el alquiler desde el mes de noviembre, pues su representatividad en la festividad del Niño Reyes la hacía altamente demandada.

La misma frecuencia de uso, ocasionó que sufriera lesiones, y en alguna ocasión llegó a romperse; sin embargo, la habilidad de nuestros conciudadanos la refaccionó con alambres. Es oportuno mencionar que Julián Retamozo Mendoza, conocido Kichka Machu, participó con esta careta en sus primeros años.

Las historias tejidas sobre este personaje van desde la comedia hasta la tragedia, mismas que enriquecen su vigente participación. Ya habrá otro momento para narrar alguna de esas anécdotas, por lo pronto nos toca reír y disfrutar con las ocurrencias de este y otros personajes que acompañan a Huancavelica en su celebración de la Epifanía.

» Extraído de Apuntes y Tradiciones de Huancavelica, autor Augusto Zorrilla R.»

FOTOGRAFÍA: Waqra Senqa en el año 1944, recopilación realizada por Augusto Zorrilla Rivera.

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