Arco de Santa Inés

Ahí veo a los más de 200 negros en Huaylacucho trabajando para quemar y vidriar el barro de las botijas donde se quema el cinabrio para obtener azogue. Ya estoy cansado y quiero llegar a la Villa de Oropesa. Largo mi viaje desde Huamanga, que me llevó por Huanta, siguiendo el río, para después escalar la larga subida hasta Marcas, pasar por ese peligroso desfiladero donde casi se me cae una de mis seis mulas con productos, para llegar a Caja y de allí alcanzar a Acobamba. Más tranquila ya la ruta hasta Paucarai, atravezar parte del territorio de los Chopccas, cruzar siguiendo el rio a Pachacclla (Tierra escogida) hasta llegar a Cunyacc, subir por Mosoccancha pra bajar hasta Huaylacucho.
Ahí nomás a la vuelta está el Arco de Santa Inés, puerta de entrada a la Villa y unos 500 metros más adelante el mirador del «Alto de la Paloma», con su rica fuente de agua donde me baño, me lavo, lustro mis monturas y aperos, para entrar a Oropesa hasta la Plaza de los Poderes, donde venderé mi mercadería. Acá los mineros pagan bien, hay harto dinero, no tengo pierde. Y en la noche me iré a un garito, de los que hay bastantes, para tomar un poco de ese rico vino de Ica que traen.

Publicado por: Federico Salas Guevara.

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